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Hacia una Psicología de la Alteridad

El camino de la psicología ha sido tan largo como corto. Desde hace mucho tiempo, el acto de escuchar y compartir es sanador, pero la práctica ha comenzado a cambiar a partir de los avances de la ciencia. De todas formas, hoy sabemos que en la práctica, el encuentro terapéutico tiene mucho de arte, ya que cada individuo es único y, los procesos estandarizados tienen un efecto limitado en el bienestar humano.

En pos de una psicoterapia individual, única y profunda, es que desarrollamos este artículo. 

Hablaremos de una psicología dinámica, con bases en el dinamismo energético, pero con su esencialidad basada en el amor. Una psicología que genera un constante diálogo entre los opuestos, esto quiere decir, en permanente transformación

La psicología de la alteridad integra los opuestos y propone puntos en común entre ellos. Dejaremos de hablar de adentro y afuera, y pasaremos a hablar de símbolo. No habrá terapeuta y paciente, sino encuentro. Tampoco habrá una enfermedad para curar, sino una transformación con un sentido. Por último, no se tratará de hacer una separación artificial entre lo consciente y lo inconsciente, sino que explorará los distintos tipos de consciencia transformadora. 

Empezaremos a sugerir y desarrollar una psicología basada en la alteridad, diversidad y empatía, más humanizante para los que quieran apoyar procesos de transformación. Ansiamos el feedback del lector para poder ser varios los que depositen su esencia en estos conceptos.

La Alteridad

La palabra alteridad proviene del latín alterĭtas, alteritātis, que deriva del latín alter, que significa: otro.

Este concepto en filosofía trata de poder identificar al otro desde un yo, esto quiere decir, tener la capacidad de entender al otro, considerar su postura sin perder nuestra perspectiva. 

Una de las palabras más interesantes que surge de este concepto es el poder considerar al otro, no solamente escucharlo, sino considerarlo

El considerar a un distinto permite que convivan dos posturas al mismo tiempo, es decir, la mía y la del otro

Ahora, surge la pregunta, ¿como poder considerar al otro y al mismo tiempo mantener mi propia postura? ¿Cómo no perder mi identidad, si siempre me identifiqué con ese lado de la historia? Si siempre me creí bueno, heterosexual y cristiano, ¿cómo puedo ser al mismo tiempo malo, tener otra orientación sexual y creer en otra religión? 

Lo que dejamos atrás

Pensar de una forma polarizada ha ayudado al humano por mucho tiempo. Decir que somos de un país, de un partido político, de un género, de una orientación sexual, o simplemente “buenas personas”, generaba seguridad e identidad, al menos por un tiempo. 

Quizás esta forma de dividirnos, tan polarizada, jerarquizada y patriarcal, está efectivamente llegando a su fin. La vida y la experiencia terminan por mostrarnos que eso que nos identificó tanto en un momento de nuestras vidas, pierde valor y solo deja un gran vacío detrás. 

Esta división en el consultorio se justificaba desde el poder que brindaba el conocimiento que le da al terapeuta su estudio del ser humano, desplazando así, al paciente hacia un lugar más inconsciente, o, si se quiere, posicionándolo en el polo de la enfermedad. 

Hoy en día, suele pasar que, es común saber que si un psicólogo se cruzara con su paciente fuera del consultorio, un miedo desnaturalizado emergería. Como si el terapeuta no perteneciera al mundo exterior.  De esa manera, es tomado por la inflación del poder, sugiriendo, de una u otra manera, que está en otro nivel de consciencia. Incluso, en algunos casos, el sentimiento o pensamiento que está por detrás podría traducirse de la siguiente manera; “¿cómo yo, que entiendo y hablo el lenguaje de los dioses, puedo cruzarme con un humilde mortal (su paciente) haciendo la fila para pagar mis impuestos? ” 

Esto no permite la transformación del paciente, ni del propio terapeuta, ya que no permitirá humanizarse gracias a los aspectos más profundos de la alteridad. 

Es claro que existen aspectos del encuadre clínico que protegen el vínculo terapéutico, pero la rigidización del mismo ha creado terapeutas deshumanizados, y, por tanto, vínculos con las misma característica. 

Si obramos para que las relaciones verticalizadas sean cada vez más igualitarias, e intentamos derribar las relaciones basadas en el poder, queda para que disfrutemos de la alteridad. A partir de ahí, cruzarnos con el paciente fuera del consultorio, será siempre algo natural, universal y especialmente simbólico. El ego queda desplazado, dando lugar al amor, la confianza y la consciencia personal y universal, entendiendo que lo que sucede es simbólico, va más allá del ego y por lo tanto, es universal

Entrar en una vida de alteridad es poder observar cómo los opuestos siempre se conectan. Es poder dialogar y construir puentes entre conceptos que parecen, a simple vista, muy distintos. 

Puede parecer muy fácil y, al mismo tiempo, complejo. Así es cómo se presenta la alteridad. Para el ego puede ser difícil de tolerar, ya que, como lo conocemos, le cuesta sostener la ambigüedad, la paradoja y, sobretodo, la no continuidad o linealidad.

Vivir desde la alteridad será dejar atrás el conflicto entre lo racional y lo irracional, el pensamiento y la emoción, el mundo externo y el interno, el yo y el otro, lo consciente y lo inconsciente. Será comenzar a hablar de nuevos conceptos para introducirlos en nuestro lenguaje cotidiano. Conceptos que diversifiquen y unan, que con amor, cómo principio vinculante, integren y sostengan lo diferente. ¿Cómo? A través del juego.

La Comunicación en la Alteridad: El Juego

La fomentación del diálogo y la contemplación del otro en pos de la transformación será posible a través del juego

De esta manera, entendemos que el juego es, por excelencia, la forma de comunicación creativa dentro del dinamismo de alteridad. Una consciencia que juega, siempre estará pudiendo transformarse, ya que con el juego ponemos un pie en la imaginación y otro en la realidad. Es el punto de encuentro de ambas y es dónde pasa esta energía tan transformadora del amor.

Poder llevar el juego en nuestra vida, más allá de que seamos adultos, permitirá la volatilidad suficiente de la consciencia para vivir en plenitud

Jugar con las comidas, jugar con nuestros amigos, jugar con nuestra sexualidad, jugar con nuestro gato, con nuestro perro, jugar a meditar, jugar con los árboles, jugar con la arena, con el mar, jugar en el trabajo, jugar a curar, jugar con el otro, jugar y jugar. Esta dinámica permitirá ejercer el acto creativo sobre el vacío del universo, creando y transformándolo a nuestra semejanza.

Para poder lograr este tipo de comunicación se deberá trabajar en lo esencial, el amor

Conceptos de Alteridad: diálogo creativo entre opuestos

Nos parece apropiado sugerir términos que impliquen una psicología de alteridad, que permita el juego y el diálogo para poder empezar a aplicarlo en la vida y por qué no, dentro del consultorio.

Consciencia: integrando la polaridad Consciente-Inconsciente

Separar la consciencia de lo inconsciente nos fragmenta. No solo en dos partes, sino en muchas. Esta fragmentación puede implicar una ansiedad o extrema exigencia para un terapeuta o paciente de “hacer consciente lo inconsciente”.

Por eso proponemos hablar de consciencia. De incluir tanto lo oculto como lo aparente en un solo concepto, ya que ambos opuestos conviven en potencia. La consciencia incluirá el cuerpo físico tanto como el cuerpo espiritual. Estos dos forman la consciencia individual

La consciencia individual estará en constante transformación gracias a la alteridad. Su intención será transformarse en todo momento, a cada instante.

Por otro lado, sugerimos dejar de hablar sobre la existencia de personas más conscientes que otras, simplemente serán distintas. Contemplar diferentes consciencias nos da lugar a la aceptación de lo distinto, proclamando la diversidad y la empatía. 

El encuentro entre consciencias producirá una transformación siempre y cuando haya aceptación. Hay consciencias que sufren, otras que se aíslan, hay consciencias que van despacio, otras que viven en gratitud. Los tipos de consciencia individual serán infinitos, formando la consciencia universal. Ambas, como un cuadro eterno sin terminar, se transforman constantemente en base al amor.

El movimiento de la consciencia hacia la transformación será dado por la intención. La intención es la que llevará a la consciencia individual a tener contacto con  la consciencia universal. 

Cuando hacemos el trabajo de dialogar con la polaridad consciente-inconsciente, nos adentramos en un terreno que queremos ir aplanando de a poco. Pero, es muy importante que tengamos en claro, que nos queremos referir a que la vida simbólica nos ubica en la vida con sentido, y por tanto, en la vida consciente.

Intención: integrando la polaridad Racional-Irracional

A veces nuestra parte más instintiva nos impulsa a hacer algo y la razón nos dice que no debemos hacerlo. Esto genera conflicto, cansancio y neurosis. Poder hablar de intención nos permitirá aceptar el momento presente, conectar con la voluntad y tomar rumbo hacia la transformación. 

Sugerimos la intención como la función de la consciencia por excelencia. Podríamos decir que integra a las funciones racionales (pensamiento y sentimiento) e irracionales (sensación e intuición) propuestas por Jung. 

La intención relaciona a la consciencia con el mundo y así, la conecta con la transformación. De esta manera, es que la consciencia individual logra acceder a la consciencia universal, dado que el fenómeno es llevado hacia dentro a través de la intención. 

Si nos fijamos en la etimología de la palabra, la palabra intención viene del latín intentio, que significa “llevar a cabo con un propósito”. Sin embargo, el prefijo “in” habla de “hacia adentro”, lo que la ubica como una función inmanente. Esto quiere decir que tiene su fin en el interior del ser y que la acción es, a fin de cuentas, en pos de la transformación que se da en la conexión entre el afuera y el adentro, entre el ser y el mundo, entre la consciencia individual y universal.

Transformación: integrando la polaridad Enfermedad-Salud

Este punto es fundamental para poder terminar con las etiquetas y la dificultad de estar sosteniendo un polo u otro en nuestra vida. Mantener la salud y salir de la enfermedad puede ser muy angustiante, ya que nuestra naturaleza es cambiante, es transformadora. Sin la enfermedad jamás podríamos entender qué nos sucede profundamente. Por eso, querer estar del lado de la salud constantemente, genera, de forma paradójica, la enfermedad. 

Por esto mismo, al hablar de transformación, obtenemos mejor fluidez y flexibilidad para movernos simbólicamente entre la salud y la enfermedad. La transformación se conecta con la función trascendente que Jung desarrolló en su teoría analítica. 

Si prestamos atención, este término nos da la dinámica suficiente para entender que incluso en un mismo día, pueden suceder variaciones en nuestra consciencia. Es común tener un estado de humor en la mañana y otro a la noche, es natural tener una semana angustiante, ya que la transformación sucede y genera los ciclos de la vida. Rigidizar los polos de la enfermedad y la salud solo nos da un alivio efímero y habilita las etiquetas patológicas duras que dificultan la transformación.

Símbolo: integrando la polaridad Mundo Interno-Mundo Externo

Muchas corrientes psicológicas, mejor conocidas como psicodinámicas, apuntan a estudiar el inconsciente, los sueños, fantasías y deseos más profundos del ser humano. Otras corrientes de corte cognitiva o conductual, se dedican a estudiar el comportamiento y las funciones cognitivas de la mente. Podríamos atrevernos a decir que algunas estudian más el mundo externo y otras el mundo interno del humano, pero los lectores de ambas teorías siempre notamos en lo profundo que hay mismos objetivos en común, resultados similares y abundancia de intención de guiar a los pacientes hacia la cura. 
Si utilizamos el concepto de símbolo, aludimos a la integración de los opuestos, a poder tomar una acción o un sueño y llenarla de sentido. De diálogo.

Por eso el juego es la comunicación, ya que está pasando mucho más que la comprensión racional: hay afecto, hay emoción, hay conexión, se une lo interno y lo externo. Un sentimiento interno será tan válido como un suceso externo. No habrá mayor grado de importancia de uno sobre otro. El símbolo son los hechos y las fantasías. Utilizamos este término ya que el símbolo siempre tiene un sentido transformador, involucra lo emocional y lo lógico en un mismo concepto. 

Encuentro: integrando la polaridad Terapeuta-Paciente

Este punto es esencial para erradicar el poder destructivo en psicoterapia. Si entendemos que el encuentro generará transformación para el terapeuta y el paciente, ambos podrán nutrirse de este encuentro que siempre tiene un sentido para la consciencia individual como la universal. 

No hay algo aleatorio en la alteridad, hay encuentros con intención y sentido, repletos de simbolismo. Esto tampoco depende de la duración o frecuencia del encuentro ya que será inherente al propio encuentro particular.

El encuentro va más allá del encuadre, lo importante es que ambas partes, tanto terapeuta como paciente, puedan lograr nutrirse mutuamente de esta instancia de curación. Humanizar el encuadre va a ser fundamental, terminar con la rigidez del consultorio y encontrar instancias que propicien la alteridad, esto es, el diálogo, el juego. Cualquier espacio donde el encuentro simbólico pueda suceder, será beneficioso para generar transformación.


Con estas cuatro propuestas pretendemos realizaremos artículos profundizando cada uno de ellos. Nos gustaría hacer especial énfasis en una devolución del lector, para poder nutrirnos de la vivencia de distintos terapeutas y por qué no, ir sumando más consciencia a esta incipiente psicología de la alteridad.

Esencialidad: Amor

Podemos tener el sentimiento de no estar realmente seguros sobre qué es el amor. Pero sin duda hay palabras o acciones que lo describen a la perfección. Cuando hablamos de amor hablamos de libertad, de conexión y especialmente de paz. Cuando hablamos de amor, hablamos de la relación con el otro. Hablamos del presente, que puede ser angustiante, generar miedo y frustración, pero si lo  aceptamos, permitirá la transformación con todas sus implicancias.

Podemos decir que para poder dejar atrás lo conflictivo y polarizante de lo patriarcal, el amor será esencial. Muchos autores están de acuerdo con que el Amor es la fuerza que coordina los elementos y asegura la continuidad de la vida, y desde esa base es que nosotros sugerimos apoyar los pilares de la Psicología de la Alteridad.

-El amor y el presente

¿Por qué el amor está en el presente? Conectar con el presente solo es posible desde la gratitud y aceptación de la vida. Abrirse a esta posibilidad es fundamental para el amor, porque es abrirse a la otredad. Permite la entrada de todo lo que no somos, de la consciencia universal. El momento libera la conexión con lo que nos rodea y es la base para la aceptación de lo que somos. Esto no quiere decir que este presente no pueda generar mucho miedo, angustia y desilusión. Brindará la posibilidad de conectar con lo que nos transforme.

-El amor como la posibilidad del otro

Emprenderemos ahora, junto al lector, un camino de comprensión del Amor como “la posibilidad del otro”. Con respecto a esto, queremos referirnos a que, el real y auténtico contacto con el otro, se da impulsado por la energía del amor, que nos vincula. El amor es la energía vinculante por definición.

La vinculación desde esta energía esencial habilitará la posibilidad de que el otro realmente exista, en su individualidad, a los ojos de uno mismo. Para amar, es necesario que uno mismo deje de reflejarse en el otro. 

Hemos venido escuchando muy a menudo que el otro es nuestro espejo. Esta es una realidad, el otro nos enseña mucho de nosotros mismos, pero esta realidad tiene que dar lugar al amor, que existe siempre en potencia. Cuando nos hacemos cargo de nosotros mismos, de lo que hemos ido depositando fuera de nuestro alcance sentido, es que aparece la expresión auténtica del otro en nuestra mirada. Dejar de vernos constantemente en el otro, integrando nuestra psique en nosotros mismos, va a dar lugar a que la individualidad del otro emerja y se exprese auténticamente en total libertad.

-Aporte mitológico

Si hablamos del amor en su base mitológica resulta inevitable hablar del dios Eros. Como pasa con todas las figuras mitológicas, no siendo Eros la excepción, existen múltiples concepciones de la realidad entorno a ellas. 

En la Teogonía Hesiódica, se coloca a Eros como un dios primordial, surgido entre los primeros seres divinos, luego de Gea, la tierra, a la par de Érebo, la Noche y el Cielo. Se lo entiende como una fuerza cósmica capaz de darle sentido a los elementos desvinculados hasta su aparición, encontrando su opuesto en Eris, la discordia, que surge más adelante. García Gual dice: “Podemos suponer que mueve a los demás con un furor genésico en el centro mismo del proceso divino.” Ésta última concepción se asemeja a la Teogonía Órfica que dice que Eros nació del huevo cósmico inicial, dando así origen a los demás seres divinos, y luego, mediante las cenizas titánicas, a los humanos. 

¿Qué pasa con el Ego en la Alteridad?

Como hemos mencionado en el transcurso de este artículo, el ego sufrirá diversas movilizaciones gracias a la alteridad. La transformación de la consciencia se dará en cuanto ésta se encuentre con lo distinto. Como sabemos, lo diferente siempre ha generado reacciones defensivas en el ego. Desde el miedo, enojo y frustración, el ego se resiste a la transformación, porque no puede adoptar una actitud de entrega. Con una consciencia polarizada, el ego suele identificarse con una sola parte de la totalidad. 

Aunque aún no nos atrevemos a decir que el ego se rompe al contactar con la alteridad, probablemente se transforme en una estructura diferente, apuntada a la transformación y, por tanto, no a la rigidez. Una estructura que contemple la diversidad, el cambio y el amor.

El Encuentro Terapéutico

“Con el desarrollo de los conceptos presentados podríamos sugerir que el incipiente proceso terapéutico de alteridad será el encuentro entre dos consciencias individuales. Gracias a la intención universal e individual, lograrán transformarse mediante el juego simbólico de la sanación.”