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Trastornos de Ansiedad: Qué son y cómo se tratan

Hoy en día es habitual escuchar el término “ansiedad” pero, ¿qué son los trastornos de ansiedad? En este artículo vamos a explicarte exactamente qué son y la diferencia entre una crisis de ansiedad y un ataque de pánico.

¿Qué son los Trastornos de Ansiedad?

Los trastornos de ansiedad son una de las afecciones más comunes de la población general. La Organización Mundial de la Salud (OMS), estima que en el mundo, más de 260 millones de personas padecen trastornos de ansiedad, y estas cifras parecen ir en aumento
Durante las emergencias humanitarias y conflictos, 1 de cada 5 personas se ve afectada por trastornos de depresión y ansiedad. Recientes informes de la OMS alertan sobre un aumento exponencial de síntomas de ansiedad durante la emergencia sanitaria que está atravesando el mundo actualmente, debido a la pandemia de COVID-19

Datos Significativos sobre los Trastornos de Ansiedad

En el 2015, la proporción de la población mundial con trastornos de ansiedad fue de 3,6%, siendo más frecuentes en las mujeres que en los hombres (4,6% en contraste con 2,6%, a nivel mundial).
Si bien las tasas de prevalencia no varían significativamente entre los grupos etarios, se puede observar una menor prevalencia en los grupos de mayor edad. 
Mientras que durante la franja etaria de la adolescencia, suele ser donde comienzan a evidenciarse síntomas asociados a los trastornos de ansiedad. 
Durante esta etapa de la vida, es posible que se presenten síntomas de más de un trastorno emocional y se vivencien cambios rápidos e inesperados de estado de ánimo y arrebatos emocionales. Estos adolescentes también pueden desarrollar síntomas físicos como dolor de estómago, dolor de cabeza o náuseas.
A nivel mundial, la ansiedad es la novena causa principal de enfermedad y discapacidad entre los adolescentes de edades comprendidas entre los 15 y los 19, y la sexta para los de 10 a 14 años. 
Se estima que los trastornos de ansiedad afectan a 1 de cada 8 niños y 1 de cada 12 adolescentes. Desafortunadamente, estos trastornos a menudo se pasan por alto o se malinterpretan. La desinformación y los mitos que existen sobre la ansiedad en los niños y adolescentes a menudo ocasionan que no reciban la ayuda que necesitan y, como consecuencia, la enfermedad evoluciona.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción emocional que constituye una respuesta adaptativa del organismo frente a señales que advierte como peligrosas, y permite que la persona adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza.
Frente a determinadas circunstancias o acontecimientos de nuestra vida podemos sentir ansiedad, por ejemplo, frente a una entrevista de trabajo, al momento de rendir un examen, frente a una mudanza, en momentos de problemas económicos, entre otras situaciones en las que se considera necesario cierto grado de ansiedad para sobrellevarlas.
Sin embargo, cuando se sobrepasa cierta intensidad, la ansiedad deja de ser adaptativa para volverse patológica.

¿Qué significa esto? Que la respuesta emocional es desproporcionada para la situación y prolongada en el tiempo, provocando un malestar significativo, con síntomas físicos, psicológicos y conductuales.
 
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), los síntomas generales de los trastornos de ansiedad pueden incluir: 

●      Taquicardia
●      Hiperventilación
●      Temblor
●      Sudoración
●      Sensaciones de debilidad  
●      Inquietud o sensación de estar atrapado 
●      Fatiga constante
●      Dificultad para concentrarse o sensación de quedarse con la mente en blanco
●      Irritabilidad 
●      Tensión muscular
●      Problemas de sueño (dificultad para dormirse o para continuar durmiendo, o sueño inquieto e insatisfactorio)

Crisis de ansiedad vs. Ataques de pánico 

Del grupo de los trastornos de ansiedad se desprenden diversas clasificaciones específicas. En este artículo nos centraremos en el trastorno de pánico, más conocido como “ataque de pánico” y en las crisis de ansiedad.

Aunque no siempre es fácil distinguir los síntomas de cada uno de ellos, la ansiedad y los ataques de pánico son dos fenómenos distintos. La ansiedad, a diferencia de los ataques de pánico, no es momentánea, sino que la duración de sus crisis es persistente y se prolonga en el tiempo.
El DSM - V expresa que un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que se puede producir desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad. El ataque de pánico alcanza su máxima expresión en minutos y durante este tiempo se producen al menos cuatro de los siguientes síntomas:
 
●      Palpitaciones
●      Sudoración
●      Temblor o sacudidas
●      Sensación de dificultad para respirar o de asfixia
●      Sensación de ahogo
●      Dolor o molestias en el tórax
●      Náuseas o malestar abdominal
●      Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo
●      Escalofríos o sensación de calor
●      Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo)
●      Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo)
●      Miedo a perder el control o de “volverse loco”
●      Miedo a morir

Los ataques de pánico se pueden producir en el contexto de cualquier trastorno de ansiedad así como en otros trastornos mentales. Ejemplos: trastornos depresivos, trastorno de estrés postraumático, trastornos por consumo de sustancias. Así como también en algunas afecciones médicas como las siguientes: cardíacas, respiratorias, vestibulares, gastrointestinales.

Causas de los trastornos de ansiedad

No existe una causa única que sirva para explicar la aparición de los trastornos de ansiedad. Sin embargo, las investigaciones científicas sobre la temática advierten que estos pueden originarse a partir de la interacción de varios factores:

●      Factores biológicos: Asociados a la química del cerebro.
●      Experiencias de vida: La exposición a la violencia o haber sufrido abusos en alguna etapa de la vida pueden aumentar la predisposición a desarrollar algún tipo de trastorno de ansiedad.
●      Antecedentes familiares: Se ha demostrado que los trastornos de ansiedad, así como otros trastornos mentales, pueden estar presentes en varias generaciones de una misma familia. La causa de esto probablemente está asociada a factores genéticos. Los trastornos de ansiedad pueden comenzar en etapas tempranas de la vida, por este motivo debe prestarse especial atención a las conductas o síntomas que puedan aparecer en los niños y adolescentes.
●      Comportamientos aprendidos y patrones de pensamiento: Es posible que las personas con baja autoestima y con escasas habilidades para afrontar los problemas sean propensas a padecer trastornos de ansiedad. De igual forma, aquellos individuos con tendencia a la inhibición y la timidez pueden tener una mayor tendencia a desarrollar este tipo de trastornos.
●      Factores desencadenantes: El estrés actúa como factor desencadenante de crisis de ansiedad. Situaciones que generan mucho estrés como pueden ser problemas en el trabajo, en las relaciones familiares o sociales, favorecen la aparición de síntomas de ansiedad.

No obstante, es importante recordar que no existe ningún factor de riesgo que sea determinante por sí mismo en la aparición de estos trastornos.

¿Qué hacer si un amigo o familiar presenta síntomas persistentes de ansiedad? 

Si observa síntomas persistentes y continuos de ansiedad que impiden a la persona realizar actividades cotidianas, que le generan un gran malestar tanto psicológico y emocional, como físico; anime y acompañe a su amigo o familiar a buscar ayuda profesional para dar con el tratamiento adecuado.

●      Busque entender el trastorno, informándose o hablando con el profesional encargado del tratamiento de la persona, sobre lo que puede hacer para ayudar a su ser querido.
●      Escuche y sea paciente. No trate de forzarlo a sentirse mejor. Recuerde que los trastornos de ansiedad son una enfermedad y que el tratamiento lleva tiempo.
●      No ignore comentarios sobre suicidio o aquellas señales de indican que la ansiedad está empeorando. Ayude a su ser querido pidiendo consejo profesional.
●      No olvide cuidar su propia salud emocional y física. En ocasiones puede sentir que la enfermedad de su ser querido lo consume; en estos casos puede ser útil buscar orientación sobre el tema, unirse a un grupo de apoyo, o hablar de sus sentimientos con sus amigos o un profesional.

¿Cómo actuar si alguien está sufriendo un ataque de pánico?

Si nos encontramos que alguien está sufriendo un ataque de pánico, podemos ayudar a la persona a sobrellevar la situación de la forma más amena posible. 

●      Debemos intentar mantener la calma, transmitir tranquilidad a la persona y hacerle saber que no está sola, pero sin actuar de forma invasiva. No es recomendable abrazar a la persona o hacer movimientos bruscos, ya que pueden empeorar su estado.
●      Evitar utilizar frases que minimicen lo que está sintiendo la persona como “no pasa nada” o “tranquilízate”, ya que presionarla para que se calme puede ser contraproducente.
●      Si es posible, se puede trasladar a la persona a un lugar sin ruidos y sin público presente, que funcione como un lugar seguro para ella, e intentar dirigir la atención de la persona hacia algún elemento que esté a su alrededor para distraerla de sus síntomas y del miedo que siente.
●      Hacer que se concentre en su propia respiración, proponiendo que siga el ritmo de tu respiración. Ya que durante un ataque de pánico la persona suele respirar más profundo y rápido de lo normal, lo cual provoca hiperventilación y aumenta la sensación de pánico. 
●      Tener en cuenta que los síntomas de un ataque de pánico son similares a los de otras enfermedades, por ejemplo: afecciones cardíacas. Por este motivo, si es la primera vez que le sucede, es fundamental acudir a un servicio médico para descartar otros problemas de salud.  
●      En el caso de pacientes que están transitando un tratamiento psiquiátrico, estos cuadros pueden aparecer cuando no se ha tomado la medicación correspondiente. Es importante preguntar a la persona afectada si ha vivido esto antes, si toma algún medicamento y si tiene algún tipo de remedio que deba tomar en estos casos.

Diagnóstico y Tratamiento de los Trastornos de Ansiedad

Diagnóstico

El diagnóstico de los trastornos de ansiedad solo se dará exclusivamente por profesionales de la salud, quienes mediante una entrevista con la persona identificarán los síntomas y las situaciones en las que se ve afectada para determinar un diagnóstico, así como un plan de tratamiento adecuado.

Tratamiento

Los tratamientos para los trastornos de ansiedad suelen ser una combinación de tratamiento psicológico y farmacológico, teniendo en cuenta las especificidades de cada individuo y lo que este necesite. 
El tratamiento psicológico más recomendado en la mayoría de trastornos de ansiedad es la terapia cognitivo-conductual (TCC). Este tipo de tratamiento favorece a la disminución progresiva de la ansiedad, ayudando al paciente a aprender a afrontar las situaciones que le generan ansiedad o pánico, sin recurrir a mecanismos evitativos. Supone una implicación activa por parte del paciente durante varias semanas a meses.

Conclusión

Como se mencionó anteriormente existen diversos factores que inciden en la aparición  y evolución de los trastornos de ansiedad. El entorno social y principalmente el familiar son aspectos importantes a la hora de realizar el tratamiento, principalmente cuando la afección la padece un niño o adolescente.
Trabajar de forma conjunta con la familia permitirá que aprendan sobre el trastorno y puedan identificar síntomas de ansiedad; así como brindar contención y apoyo a la persona afectada. Al mismo tiempo puede resultar útil para modificar estilos de relación del ámbito familiar con el paciente, que en ocasiones favorecen el mantenimiento del trastorno, por ejemplo: la sobreprotección, la participación en las conductas evitativas, el exceso de crítica o exigencia. 
Es fundamental que los allegados de la persona comprendan el trastorno así como su sintomatología, para contribuir y acompañar de forma positiva al paciente durante el tratamiento del trastorno.