Debes elegir por lo menos una opción.
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Quejarse: ¿Cómo nos afecta?

¿De qué elegís hablar? 

¿Qué elegís compartir en una reunión de amigos, en una reunión familiar, con tu pareja?

¿Qué tan disponible estás para compartir cómo te sentís con tus seres más cercanos?

Todos hemos estado alguna vez o conocemos a alguien muy bien que se “queja”. Muchas veces de su propia vida y otras de factores externos a él.

Este artículo nos invitará a reflexionar sobre el acto de quejarse, cómo afecta nuestra vida diaria y qué consecuencias puede llegar a tener en el tiempo.

El Acto de Quejarse

El contenido de nuestros discursos repetidamente en el tiempo, marca una forma, un estilo y genera un clima a nuestro alrededor. Pero, ¿cómo es ese clima?

Quejarnos, hablar de problemas del trabajo, compartir únicamente las cosas “negativas” o estresantes de nuestro día con las personas cercanas, genera en nuestra mente, una atmósfera particular.

Muchas veces no la tenemos en cuenta, y repetimos este mismo modo en nuestros círculos sociales. Genera un ambiente hostil y conflictivo, aunque no nos demos cuenta del todo.

Reconocer la Queja

Cuando reconocemos que gran parte de lo que compartimos son quejas o críticas, se hace desafiante recrearnos. Por un lado, porque “siempre fuimos así”. Intentamos que  hoy “encaje” con esa idea que tenemos de nosotros mismos y de los demás.

Permanecemos fieles a esa imagen que transmitimos y que los demás tienen de nosotros, a la imagen que yo tengo de mi mismo. No queremos descolocar a nadie. No queremos que nada cambie de lugar.

Ejemplo:

Para poner un ejemplo concreto, cuando el diálogo con un amigo es desde la queja o desde las “desgracias” que nos unen (lo que me pasó con mi jefe; el encuentro amoroso que tuve ayer y  no me gustó; el clima; la plata, etc), es desafiante reformular y rehacernos. 

Con esos amigos siempre hablamos de eso. 

Con mis padres siempre hablamos de aquello. 

Con mi pareja se habla de esto. 

Estamos acostumbrados a vincularnos desde ahí y no nos es cómodo el hecho de aprender a contactar desde otro lugar, compartiendo nuestras alegrías en vez de nuestras desgracias.

Compartir algo Diferente

El compartir LO BIEN QUE ESTAMOS, no es algo que ocurre naturalmente.  Y menos cuando la “normalidad” del vínculo es otra. 

Hay que saber que será shockeante para los demás no escuchar nuestro discurso habitual. Podrán aparecer comentarios del tipo: “que callad@ estás; estás demasiado tranquil@; en qué andás qué no contás nada”.  

Reformularnos DESCOLOCA. 

Instrospección 

Es hora de preguntarme, qué atmósfera emocional estoy generando con mis palabras, con mis comentarios, o a la hora de expresar mis necesidades.

Implica prestar atención, porque es algo que tenemos automatizado.

Reconocernos en qué tipo de dinámicas participamos es asumir nuestra responsabilidad. Es ahí donde podemos cambiar. Podemos reformular qué tipo de vínculos tenemos y lograr que todo sea de un modo distinto

¿Qué puedo hacer yo para vincularme de un modo que esta relación sume y agregue valor a mi vida y a la vida del otro?

No somos malos o negativos por quejarnos, por compartir nuestras penurias diarias. Simplemente, somos seres humanos buscando conectarnos, compartir, sentir empatía y empatizar con los demás. 

Se puede hacer desde muchos lugares, pero desde la queja o desde la tristeza pueden llegar a ser los caminos más “fáciles”. A quién no le pasó de tener una mala experiencia; una mala cita; una discusión con un familiar; una pelea en una oficina pública; un conflicto con la pareja. 

Vincularnos desde ahí es CONEXIÓN asegurada. 

Reflexión

Algunas preguntas que nos podemos hacer para comenzar a replantearnos nuestra queja y nuestra forma de vincularnos con los otros.

¿Estoy dispuesto a tener un vínculo que se origina desde los aspectos más negativos y sostenerla en un período de tiempo prolongado? 

¿Qué tipo de conexión es? 

¿Quiero vincularme realmente o simplemente quiero tener la sensación de CONTACTO? 

¿Podés hacerte un tiempo para recrearte?