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La Era del Vacío: una mirada colectiva e individual

La sociedad de hoy en día está cansada, vacía, sin ganas. La motivación parece haber sido relegada a una sola y simple actividad: el consumo. Pero no queremos hablar, aquí, solo a un nivel colectivo. También queremos referirnos al lector individual, a la persona que siente que su vida ya no le pertenece, que sus intereses, deseos y expectativas parecen haber quedado enterradas bajo la tierra de los años que fueron pasando desde la última vez que se sintió vivo.

Sentimiento de Vacío: La Muerte en Vida

La sensación de haber sido vaciado, de a poco, año tras año, de sentir que dentro de uno no existe ningún proceso vivo, es cada vez más frecuente en las personas. A veces lo llamamos ansiedad, otras veces crisis, depresión, pero vacío es una palabra que lo puede describir a la perfección.

Si atendemos a nuestro entorno, podremos notar este fenómeno, por ejemplo; en algún familiar, o dentro del grupo de amigos, quizá en algún compañero de trabajo, también, mirando las personas que caminan cabizbajas por la calle o aquellas que llevan recostada su cabeza en la ventana del transporte público, con su mirada perdida. Quizá, alguno de nosotros, lo pueda ver en uno mismo.

El sentimiento de vacío se nutre de la pérdida del contacto con nuestras emociones. No es ni siquiera la presencia de la tristeza, va más allá. Posiblemente el sentimiento de vacío se asemeja a la nada misma. Ni hablar de sentimientos de enojo, frustración, sorpresa, felicidad, menos del amor, todos ellos ausentes o incapaces de manifestarse cuando el vacío ha conquistado nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

El vacío que se sufre habla de la pérdida del sentido

El Sentido vs. La Inercia

El vacío existencial, es nada menos que nuestra existencia vacía, se alimenta no solo de la pérdida del sentido, sino del abandono de su búsqueda. Sumidos en una sociedad en la que la inmediatez prepondera y el consumo de ideales se alza sobre nuestras cabezas, como un dios que debemos respetar, terminamos comprendiendo al sentido como una meta estática.

Pero el sentido no es algo que se alcanza y se guarda en nuestras billeteras. El sentido es la meta y el camino al mismo tiempo, es la trama más que el desenlace. El sentido no se puede reducir a un producto, sino más bien, a una vivencia viva de nuestra vida, valga la redundancia. El sentido es, una vez más, experiencia en movimiento, es aprender a vivir nuestra vida, con sus altibajos, con sus idas y venidas, aprender a fallar como a triunfar, siempre aprendiendo.

Sin embargo, esta sociedad quiere consumir sentido y éste, de esa manera, pierde todo valor. Caemos en la inercia, otra vez. La inercia entendida como el caminar sin dirección, movido simplemente por el impulso tomado hace mucho tiempo atrás.

La inercia nos lleva, sin sentir, ni siquiera, el aire tibio del verano que roza nuestra piel. La inercia nos duerme en vida, nos desconecta de nuestras emociones y no nos permite registrar al otro. La inercia es lo contrario al sentido, aplasta todo germen de vida en nosotros, relegándolo, simplemente, a cumplir con nuestras obligaciones.   

Postmodernismo: nos definimos por oposición

Una de las propiedades emergentes que denotan la manifestación del vacío colectivo, es, sin lugar a dudas, el nombre por el que definimos el tiempo o era que estamos viviendo: Postmodernismo.

Nos definimos por aquello que no queremos ser: "modernos". O, en el mejor de los casos, nos definimos por aquello que intentamos superar: "La Modernidad". 

En esa indeterminación en la que vivimos, donde no existe ningun marco, ni filosófico, ni moral, y sin duda tampoco, espiritual, que nos contenga como sociedad mundial, caemos en un pozo de identidad difusa, cual adolescente que quiere separarse de sus padres, pero el desamparo del mundo adulto lo devuelve a los límites de la comodidad de su casa. 

Ahora bien; ¿cómo podríamos llamarnos? "La era de la tecnología", quizá, "La era espacial", ninguna de las dos suena muy bien, porque reduce la existencia al polo tecnológico, y sería aun peor, limitar la existencia humana a ese espacio. ¿Dónde quedaría el arte? ¿Dónde quedaría el espíritu? Nos rendiriamos en la búsqueda del alma. Seguiriamos entonces sin ningún amparo de lo espiritual, y por tanto, tristes y vacíos.

Ah! Ahora sí, podríamos llamarnos, aunque duela: "La Era del Vacío"

La Sociedad del Cansancio: Motivados por el Consumo

- ¡Hola! ¿Cómo estás?
- Pah, estoy muerto.
- ¡Eh! ¿Cómo?
- Muerto del cansancio.
¿Cuántas veces hemos escuchado este diálogo en los últimos años? O peor aún, ¿cuántas veces hemos estado, nosotros mismos, muertos del cansancio en los últimos tiempos? 

Hemos normalizado la expresión “estoy muerto” para referirnos al cansancio. Esto no nos habla de un cansancio por haber estado disfrutando de la actividad, sino, que manifiesta un cansancio agotador, un cansancio que exprime toda energía vital de nuestro cuerpo y nuestra alma.

Ante la pérdida del sentido, o como hemos dicho, ante el abandono de la búsqueda del sentido como una experiencia cotidiana, hemos quedado desamparados. Las religiones en la sociedad moderna ya no nos acuñan ni nos protegen, la ciencia cada vez más pierde su interés, los rituales, que nos conectan con el otro y con una realidad que nos trasciende, han quedado olvidados, y solo le rendimos culto al Dios de la Economía. 

¿Cómo? Pues trabajando, horas, horas y horas al día. Muchas veces en cuestiones que ni siquiera sabemos el alcance que tienen, siendo uno, solo una pieza más en un engranaje inmenso, sin ver el principio ni el fin de nuestro trabajo. Trabajamos para luego consumir, y así rendirle culto al único dios que permanece vivo en nosotros, como dijimos; La Economía. 

Hemos quedado desamparados, solos en el mundo, solos en nosotros mismos, intentando llenar ese vacío con el consumo. 

Todo se reduce a este tener masivo, tener autos, ropa, casas, vacaciones. Consumimos amistades, música, arte, solo por el simple hecho de consumir. Consumimos felicidad y café instantaneo, consumimos sexo. Consumimos, incluso, el amor. 

Este consumo intenta ineficazmente llenar un vacío que solo puede completarse con el sentido de nuestra existencia. No podemos engañar por mucho tiempo a nuestro espíritu con el consumo, nos mareamos un poco y creemos que, por un momento, somos felices. Pero esta máscara se cae rápidamente, dando lugar a ese vacío

El alma quiere vivir, se quiere expresar, quiere sentir para luego trascender. Quizá por momentos quiere consumir, pero como un punto en un gran universo, no puede ser lo único, sino, el alma se sentirá abandonada en la oquedad.

La Pandemia del Vacío: la depresión como respuesta creativa

El fenómeno que hemos estado tratando en los párrafos anteriores habla de una problemática a nivel colectivo. La pérdida del sentido es global. La sociedad ha sido arrastrada hacia un lugar donde cada individuo tiene que ser productivo y exitoso, no importa a costas de que. El desamparo en el que hemos quedado tras la muerte de lo trascendente (lo que va más allá de nosotros mismos: lo misterioso, lo luminoso, lo emocional, lo intuitivo) nos coloca en una situación de vulnerabilidad. 

Sin embargo, el alma es creativa, tanto el alma individual como la colectiva y, aunque parezca extraño, la depresión pandémica, es una respuesta a todo esto que nos está pasando.

Claro que son alarmantes los números mundiales de depresión: 300 millones de personas afectadas por año y 100 suicidios por hora. Duele hasta escribirlo. Pero nuestra labor, no como psicólogos ni como profesionales de la salud, sino como seres humanos, es ayudar al otro, al que tenemos al lado, a entender la depresión como un camino de sanación. La depresión como una enfermedad sí, pero también como un proceso que nos lleva a reconectar nuevamente con nuestra interioridad, y por lo tanto, con nuestra esencia perdida bajo los estándares colectivos de una sociedad del rendimiento y una sociedad del consumo.

Todo tiene su doble cara, y la depresión viene a hacernos sufrir un desarraigo de lo que ya no nos sirve, para aferrarnos a lo nuevo, al sentido de nuestra existencia. La depresión nos lleva hacia dentro, porque es ahí donde está la respuesta ante el vacío que estamos sintiendo como sociedad mundial.

El Vacío Creativo: Retomando el Sentido

No tenemos que perder la esperanza que yace debajo de todos los males, como en la caja de Pandora. Si emprendemos nuevamente la búsqueda del sentido, podremos combatir el vaciamiento de nuestras emociones. Es necesario que podamos comprender que, también ese vacío, está hecho para construir nuevamente sobre él. Se ha aplanado el terreno para edificar con cimientos fuertes, nutridos de sentido.

Aprendamos a soportar las angustias, las emociones negativas también son importantes, de ellas se aprende. No las tapemos con el consumo. Juguemos a vivir una vida plena, motivada por nuestros deseos y expectativas internas, sin ser arrastrados por la exigencia del mundo moderno. Conectemos y empaticemos con el otro, ahí también está la respuesta a quién soy yo.

Busquemos el sentido en nuestra vida cotidiana, sin entenderlo como meta, sino como una actitud de vida que mira los sucesos de la misma de manera simbólica, o sea, preguntándonos qué tienen para decirnos de nosotros mismos. 

Generemos consciencia.