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Ansiedad: Funciones Adaptativas y Patológicas. 

Cuadro: Dolores Brum

Hablemos de Ansiedad

A muchos nos ha ocurrido sentir nerviosismo, agitación o irritabilidad cuando nos encontramos frente a una situación que nos sobrepasa o que no sabemos cómo resolver. Muchas de estas sensaciones tienen que ver con lo que llamamos ansiedad normal o adaptativa. Se trata de una serie de reacciones a nivel físico y mental que tienen como objetivo la activación del organismo. La persona capta la situación desafiante a través de sus sentidos, la procesa a nivel cognitivo y elabora una respuesta a nivel fisiológico, que se transforma en una conducta.

Lucha y Huída

La ansiedad es una respuesta a una demanda del ambiente, que activa sistemas del organismo cuya función es darle prioridad a aquellos órganos que necesitan ser utilizados en caso de tener que luchar o huir de un peligro inminente. 

¿Qué se activa?

Estamos hablando del sistema nervioso simpático, que se ocupa de que los órganos necesarios estén irrigados con suficiente sangre y oxígeno para efectuar una respuesta acorde a la demanda. Es así que nuestro corazón comienza a bombear más fuerte y más rápido con el objetivo de que la sangre oxigenada llegue a cada rincón del organismo; los pulmones se activan e intensifican su acción, haciendo llegar más oxígeno al cuerpo; los músculos consiguen los nutrientes necesarios para la activación a través de la sangre que recorre el cuerpo de manera cada vez más acelerada; los órganos de los sentidos se agudizan, tanto la visión como el oído, para volvernos más alertas y con una atención más centrada en el objetivo principal: sobrevivir

En los tiempos de las Cavernas

Si nos remontamos a los tiempos en que el hombre debía valerse por sí mismo para sobrevivir en la naturaleza, se hace entendible que exista este mecanismo que llamamos ansiedad para asegurar la supervivencia de la especie. 
La ansiedad funciona como un botón de alerta que se activa frente a posibles amenazas y que permite al individuo efectuar una respuesta inmediata y efectiva, volviéndolo capaz de evaluar los posibles riesgos y de elegir la mejor salida posible ante la situación peligro. En los tiempos de las cavernas, esta amenaza podría haber sido la venida de un depredador que ansiaba devorar a él y su familia o una tormenta repentina y nefasta que amenazaba con destruir su refugio. 
En estos casos, el botón de la ansiedad servía como herramienta para asegurar la vida, de tal modo que el individuo que se encontrara frente a estas amenazas fuera capaz de ejercer la “lucha o huida”; esto es, luchar contra las bestias que pusieran en peligro su vida o huir cuando se considerara que no era conveniente lo anterior. 

Hoy en día

Estas dos reacciones naturales del organismo siguen estando vigentes hasta el día de hoy; la única diferencia es que en nuestros tiempos los seres humanos vivimos inmersos en civilizaciones que nos ofrecen otro nivel de protección y seguridad. Aún así, muchos pueden afirmar que han sentido ansiedad en su vida. 
Entonces nos podemos preguntar:
¿Por qué los seres humanos seguimos experimentando la sensación de ansiedad? 
¿Qué función cumple la misma en nuestra vida diaria y cuándo deja de cumplir su rol adaptativo, pasando a ser patológica? 
 
Como explicamos previamente, se trata de una respuesta natural del organismo que tiene como función la supervivencia, y esto implica adaptarnos al ambiente en donde transcurre nuestra vida. 

Muchas Exigencias

Las exigencias y demandas del siglo XXI generan que el ser humano deba acomodarse a las circunstancias actuales, poniéndose a la altura de dichas exigencias, tanto a nivel intelectual como físico o emocional. Esto explica las altas tasas de ansiedad y estrés experimentados entre las personas en la era presente. Para muchos, el trabajo, la economía, la familia, la salud y la educación son grandes fuentes de preocupación en la actualidad. 
Podemos afirmar que es considerado normal sentir cierto nivel de ansiedad cuando nos estamos preparando para un examen importante o esperando un resultado que puede cambiar nuestras vidas. 
También puede que nos sintamos ansiosos o angustiados al enfrentarnos a una situación nueva o que no estemos acostumbrados a transitar. En estos casos, es común presenciar esa sensación de nerviosismo o agitación que nos impulsa a movernos hacia adelante, para buscar y conseguir el mejor resultado posible. Nos incentiva a estudiar y prepararnos y nos ayuda a concentrarnos para tener éxito en la prueba que tanto nos preocupa.

El botón de ansiedad nos sirve para exigirnos, ayuda a luchar contra las adversidades y conseguir nuestro cometido. En este sentido, la ansiedad aquí cumple su función de adaptación y superación. De lo contrario, es probable que la relajación completa del organismo no sea lo suficientemente útil para impulsar a las personas a moverse e ir “hacia adelante”.

Cuando ya no funciona 

Por otro lado, decimos que la ansiedad deja de cumplir su función de supervivencia cuando interfiere con el bienestar y el funcionamiento en las actividades diarias de la persona. Esto puede suceder bien porque la intensidad es aumentada o porque la duración de los síntomas en el tiempo se ha extendido más allá del evento que requería de esta activación. En estos casos, la ansiedad pasa a ser un síntoma que podría pertenecer tanto a un cuadro ansioso como a un trastorno propiamente dicho. Es decir, si los mismos se mantienen durante un periodo de tiempo prolongado y con una intensidad moderada o elevada, la persona podría estar padeciendo una patología
Es como si el botón de la ansiedad que una vez respondía de manera positiva a la demanda de la persona, estuviera siendo constantemente e indiscriminadamente apretado, sin importar el momento o la situación. Entonces, no se trata de una respuesta a un suceso en particular que requiere activación, sino que se vuelve la respuesta automática ante varios eventos, de manera frecuente e intensa, sin ser necesaria ni proporcionada a su desencadenante.

Ansiedad Patológica

Cuando hablamos de trastornos de ansiedad, frecuentemente pensamos en el Trastorno de Ansiedad Generalizada, explicada en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) como una ansiedad y preocupación excesiva, que se produce durante más días de los que ha estado ausente durante un mínimo de seis meses, en relación con diversos sucesos o actividades. A su vez, refiere a que al individuo le es difícil controlar la preocupación.

Las personas que sufren este trastorno cuentan con una serie de síntomas tanto físicos como psíquicos, que incluyen inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular o problemas de sueño. 
Es considerada una patología cuando estos síntomas generan un malestar significativo en la vida del individuo, ya sea porque la sintomatología es muy intensa o porque no le permite continuar con las actividades diarias de manera eficiente.

Como consecuencia, es frecuente observar un deterioro a nivel social, laboral, escolar o en otras áreas significativas del funcionamiento de la persona. 

Ansiedad Social

A su vez, existen otras manifestaciones de la ansiedad que configuran otros tipos de trastorno como el trastorno de ansiedad social (o fobia social), caracterizado específicamente por una intensa sensación de nerviosismo, preocupación o agitación frente a circunstancias de interacción social. Algunos de los criterios para el diagnóstico de dicho trastorno según DSM-V incluyen miedo a actuar de cierta manera en situaciones donde el individuo está expuesto a la crítica de un tercero. 
Estas conductas vienen acompañadas frecuentemente por la evitación de aquellos lugares que le producen este tipo de respuesta ansiosa. Se entiende que el miedo o preocupación frente a estas situaciones es exagerada, ya que ni el nivel de amenaza percibido por el individuo ni la respuesta efectuada en consecuencia son acordes al evento que se enfrenta.

A su vez, estos síntomas generan un malestar significativo en la vida de la persona, los cuales la pueden inhabilitar a realizar las actividades diarias que previamente llevaba a cabo sin esfuerzo o malestar. Al ser un trastorno enfocado a la interacción social, es probable observar deterioro en las relaciones interpersonales del individuo que lo padece, afectando su vida familiar, laboral y de amistades. Es por estas razones que se considera que este tipo de ansiedad alcanza un nivel que es desadaptativo y por ende patológico

¿Qué hago si presento alguno de estos síntomas?

Como fue descrito previamente, es probable que en algún momento de nuestras vidas hayamos sentido alguno de estos síntomas ansiosos o lo estemos sintiendo en este momento. Las exigencias y demandas de nuestros tiempos requieren una activación constante del sistema nervioso; se nos exige que pensemos, que tomemos decisiones importantes, que tengamos varias responsabilidades y tareas a cargo y las realicemos de manera efectiva y simultánea.

El balance perfecto entre el bienestar y el padecimiento a veces puede ser poco claro, por lo que es oportuno ser consciente de cómo nos sentimos e identificar los síntomas patológicos para así prevenir su desarrollo y perpetuación en el tiempo. 
Si sentís que te encontrás atormentado por las actividades y exigencias de la vida diaria: Frená; Tomate un descanso; Respirá y Reflexioná. Observate, analizá como te relacionas contigo mismo y tus emociones y sentí. Intentar controlarlas es peor.
Después podrás pensar en maneras de relajarte para aliviar ese agobio: leer un libro, escuchar música, salir a dar un paseo, realizar actividad física o cualquier actividad que te genere placer.

De vez en cuando, resulta positivo generar ese espacio de relajación para la mente y el cuerpo. Vivir en un mundo lleno de actividades y exigencias constantes, ruido, movimiento y demandas de todo tipo requiere que frenemos y nos tomemos un segundo para respirar y disfrutar. Tu cuerpo te lo va a agradecer y tu mente también. 
Recordá que siempre podés pedir ayuda psicológica si lo consideras necesario, ¡no temas en consultar!