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El duelo migratorio no siempre se reconoce como tal. Al migrar, muchas personas sienten que no “deberían” estar tristes porque eligieron irse o porque lograron lo que buscaban. Sin embargo, el impacto emocional aparece igual. Cambiar de país implica dejar vínculos, costumbres, códigos y una vida conocida, aunque el proyecto sea positivo.
Si sentís que migrar te generó emociones difíciles de explicar, la terapia puede ayudarte a ponerles nombre.
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A diferencia de otros duelos, el duelo migratorio no tiene un cierre claro. El país de origen sigue existiendo, las personas queridas siguen ahí, pero la vida cotidiana ya no ocurre en ese lugar. Esa pérdida ambigua hace que el proceso emocional se extienda y se reactive en distintos momentos.
Cada adaptación reactiva algo del duelo migratorio: aprender nuevas formas de relacionarse, entender códigos sociales distintos, validarse en otro contexto. En Uruguay, donde muchas personas migrantes llegan solas o con redes pequeñas, este proceso puede sentirse aún más intenso.
Acompañar la adaptación emocional en terapia evita que el desgaste se acumule.
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Migrar también mueve la identidad. Muchas personas sienten que dejan de ser quienes eran en su país de origen. Cambia cómo se presentan, cómo son reconocidas y cómo se perciben. Esta pérdida de referencias personales hace que el duelo migratorio se prolongue en el tiempo.
La culpa aparece con frecuencia: por haberse ido, por extrañar demasiado, por no extrañar lo suficiente, por estar mejor o peor que antes. Estas emociones no son contradictorias ni erróneas; forman parte del duelo migratorio y suelen intensificarse cuando se viven en silencio.
El duelo migratorio no es lineal. Hay momentos de entusiasmo y otros de cansancio profundo, nostalgia o deseo de volver. Este vaivén emocional no significa que la decisión de migrar haya sido un error, sino que el proceso sigue activo.
La terapia puede ser un espacio estable cuando las emociones van y vienen.
Cuando el duelo migratorio no se atiende, puede derivar en ansiedad, tristeza persistente o sensación de desconexión. Cuidar la salud mental durante la migración es clave para poder construir pertenencia en el nuevo lugar sin negarse lo perdido.
El duelo migratorio dura porque migrar no es solo mudarse: es reconstruirse emocionalmente en otro país. Reconocer este proceso no es debilidad, es una forma de cuidado.
Si estás viviendo una experiencia migratoria y sentís que el impacto emocional se sostiene en el tiempo, no tenés que atravesarlo solo.
En Tu Terapia podés encontrar psicólogos en Uruguay y desde el exterior para acompañarte en este proceso.
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