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Cine y Psicología 

El cine entendido desde una perspectiva psicológica. ¿Cómo se vinculan estas dos disciplinas? ¿Qué ocurre en nuestro psiquismo cuando miramos películas

Los Comienzos 

A principios del siglo XX dos grandes sucesos sacudieron la humanidad. 

El primero fue el surgimiento del cine con el uso del cinematógrafo, desarrollado por los hermanos Lumiere en 1985. 

El segundo fue el surgimiento de la psicología experimental de Wundt y el psicoanálisis de Freud

El cine comenzó con una proyección al público paga que fue llevada a cabo en 1985. Un año después en todo el mundo se estaban exhibiendo funciones a las que asistía cada vez más gente. En un mundo en el que la velocidad comenzaba a tomar relevancia con los automóviles y los aviones, el cine condensaba los avances científicos de la época y el nuevo paradigma: la abolición de distancias, la exploración del mundo y la oscilación entre el pasado y el futuro. El universo entero parecía estar contenido en las imágenes que eran un fiel reflejo de los avances acelerados que tenían lugar en ese entonces. 

Impacto a nivel social 

La facilidad de realizar muchas copias a un costo limitado y la expansión rápida del material contribuyeron a que en los veinte años siguientes la expansión del cine fuera muy rápida y ganara inmensa popularidad

El cine mudo permitió un lenguaje universal y el crecimiento masivo hizo que se desarrollara una industria cinematográfica más allá de la sala de proyección. 

Se creó el mercado del cine, que es actualmente uno de los más grandes, capaz de construir y derribar percepciones del mundo. El crecimiento del cine continuó hasta la década de los 60 y su público era muy heterogéneo. 

El cine unificó los distintos sectores sociales y generó en los espectadores un acercamiento, una familiaridad y un sentimiento de presencia casi directa que no se había logrado hasta ese momento. 

Impacto a nivel individual 

Pagamos por un asiento para dejar que nos invada un personaje y somos llevados por cualquier tipo de aventura a través de encuentros que, en principio, no tienen un futuro, escribe Guattari. Pero solo en principio, porque durante este encuentro el inconsciente se deja habitar por la película. Esto da cuenta de la magnitud del fenómeno cinematográfico y las implicancias en nuestra psiquis, tanto individual como colectiva. 

Cine y Psicoanálisis 

Los espectadores entran en contacto con su inconsciente y de esta aproximación surge una experiencia extrañamente familiar, indica Derrida, quien hace alusión al concepto freudiano. El cine y el psicoanálisis son contemporáneos y comparten no solo raíces, sino mecanismos y productos. La identificación, la hipnosis, la fascinación, la sublimación, todos son comunes a los dos y hacen que puedan ser pensados en conjunto. Así, el cine aparece como un método de análisis en donde aflora el inconsciente y se abren las puertas para que se muestren nuestros espectros y sean devueltos a la pantalla

“Es una emoción totalmente diferente a la de la lectura, que imprime por su parte en mí una memoria más presente y más activa. Digamos que en posición de «mirón», en la oscuridad, gozo de una liberación inigualable, un desafío a las prohibiciones de todo tipo”, dice Derrida. 

Mirar por la cerradura 

En el cine no solamente se encuentra el espectador que mira la película, sino que aparece el Otro en escena, quien es descubierto por el sujeto que mira en secreto por la cerradura, como indica Lacan. Así, cuando el sujeto mira una película, no solo se ve proyectado o identificado, sino también se siente mirado. Esta mirada no es más que una fantasía, una imaginación del sujeto vinculada al mundo del Otro. Sin embargo, esta fantasía le permite una satisfacción pulsional, el sujeto busca hacerse ver y ser mirado. El pasaje de la cuestión de la identificación a la de la satisfacción a través de sentirse mirados por el Otro supone para el sujeto un goce. 

La sala oscura, en donde podemos observar todo lo que ocurre en la pantalla, se presenta entonces como el escenario ideal para que la consciencia baje su barrera

¿Qué ocurre en nuestro psiquismo cuando miramos películas? 

Cuando miramos una película proyectamos, introyectamos y nos identificamos. Proyectamos porque adjudicamos a lo que vemos nuestras propias características. Introyectamos porque tomamos de lo que vemos aspectos que nos constituyen. Nos identificamos porque vemos en las historias parte de nuestra historia

Esto se da a través de los personajes y la trama, y también a través de los aspectos técnicos: color, sonido, fotografía, montaje, vestuario y muchas otras cosas más. De esta forma, aspectos inconscientes  y conscientes de la psiquis del espectador dialogan bilateralmente con lo que ocurre en las películas. Este intercambio se da de los dos lados, ya que el sujeto proyecta y se identifica, es decir, manifiesta su universo psíquico en lo que mira. La película, a su vez, le devuelve esa mirada, cargándola con un nuevo contenido simbólico que promueve la formación del psiquismo. Las impresiones sensoriales y psíquicas ayudan al despliegue de la imaginación y hacen que el espectador interprete lo que vea según sus características. La capacidad de simbolizar es propia del ser humano y lo que ocurre en el cine está estrechamente vinculado a esto. 

Vivimos el cine en términos simbólicos. ¿Qué tiene una película para decirnos? Hay tantas respuestas como personas, porque esa es la riqueza del símbolo: un símbolo es la mejor forma de expresar algo y, detrás de un símbolo, siempre hay algo más. Las películas son símbolos a ser descifrados por cada uno de nosotros en clave de nuestro propio lenguaje interno, de nuestra psiquis

El espectador y la película 

El cine nos invita a reflexionar sobre lo real y lo imaginario. Sobre qué papel juega la imaginación en lo real y cuál es el lugar de la realidad en la imaginación. Estos dos mundos crean un interjuego en donde se mezclan y es difícil trazar una barrera clara para separarlos. 

Los espectadores no solo proyectan su mundo interno. También absorben la realidad externa, por lo que el cine es un espejo que proyecta y que devuelve la propia imagen y la del mundo circundante

Como espectadores tenemos un rol activo en el intercambio que se produce. Lo que vemos ya viene con información, es cierto. Pero lo que vemos es interpretado según nuestra naturaleza psíquica y nuestros procesos y contenidos cognitivos. La experiencia del cine es personal, es íntima. El valor que le adjudicamos a cada elemento, a cada diálogo, a cada imagen, tiene que ver con nuestra propia realidad y lo que eso significa para nosotros. 

En el cine encontramos el terreno fértil para que emerjan nuestras emociones, las buenas y las malas, el llanto, la risa, el miedo, la sorpresa, el asco. Para que emerjan  de una manera plena y sin juicios éticos ni racionales.

El cine nos mueve a otros mundos que no son más que un reflejo del mundo propio. Permite el acceso a las memorias, pero no solo al pasado. También a aspectos futuros porque genera un nuevo material psíquico que surge del contacto con las imágenes. 

El cine nos construye.

El vaso alquímico 

El cine, esa sala oscura y particular, podría ser entendida como un vaso alquímico, en términos de la psicología jungiana, en donde se produce una transformación íntima, en donde las imágenes y el espectador son cómplices y se funden, en donde ya no sabemos qué es nuestro y qué es de ellos, los personajes. Un vaso alquímico en el que, por un momento, somos nosotros y también somos otros: los miran y sufren, los que miran y disfrutan, los que miran y se sorprenden. Somos lo que la pantalla espeja y lo que surge en nuestro interior sin pedir permiso. 

¿Siempre ocurre todo esto?

Lo más llamativo es que estos mecanismos ocurren sin que nos demos cuenta. Para que este intercambio sea posible no es necesaria la voluntad del espectador. Ni bien nos disponemos a mirar una película, todos estos mecanismos se activan y comienzan a operar. Sin embargo, la riqueza de la vivencia aumenta si nos esforzamos por comprender nuestros propios dinamismos psíquicos y por tratar de dilucidar qué parte de nosotros se movilizó con la película. 

Por eso, para exprimir la experiencia cinematográfica, es clave la reflexión: pensar sobre cómo lo que vemos impacta en nuestra vida, cómo impacta a nivel social y qué de todo eso tiene que ver con nosotros. 

Esta reflexión también suele darse naturalmente

Si nos ponemos a pensar en todas las veces que fuimos al cine, cuando salimos siempre comentamos con nuestro acompañante algo sobre la película. Qué le pareció, si le gustó la trama, cuál era el problema fundamental, el desenlace, las actuaciones, la música. Todo esto tiene que ver con adueñarnos de la experiencia. Este diálogo puede ser con otros o con nosotros mismos, y nos permite hacer de la experiencia cinematográfica una experiencia muy valiosa a nivel intrapsíquico

El cine nos permite atar cabos entre lo que vemos y lo que somos, entre lo que nos emociona y nuestra propia historia, entre el afuera y el adentro